Alfarería y Cerámica del estado de Puebla

Talavera, Puebla

La cerámica con esmaltes o vidriados en estaño, llegó a la Nueva España con la conquista. Recibió el nombre de loza de talavera, en referencia a su lugar de origen: el pueblo español Talavera de la Reina.

De todos los centros urbanos en la Nueva España del siglo XVII fue Puebla de los Ángeles, en el corazón del virreinato, donde la cerámica de Talavera encontró las manos de los artesanos más diestros e imaginativos quienes darían a la Talavera sus finas características y personalidad propia. Combinaron con gran ingenio diseños prehispánicos, ibéricos y chinos en un estilo que después resultaría único, La Talavera Poblana.

Se destaca por supuesto, la decoración inspirada en las porcelanas chinas. La Talavera entonces se elaboraba en azul sobre blanco, a la que posteriormente se añadieron otros colores como el amarillo, el verde, el rojo y el siena.

De mezcla artesanal mexicana, con toques españoles y técnicas orientales, la Talavera mexicana es un ícono de nuestra cultura. Su demanda oscila entre el arte y la utilidad, y precisamente eso es lo que le otorga su carácter en las filas de la alfarería mexicana.

Los barros utilizados son dos: uno de color obscuro llamado “parduzco” proveniente de los cerros de Loreto y Guadalupe, en el estado de Puebla y otro de color blanco rosado, de una consistencia suave al que llaman “blanco” que proviene de las colinas de San Bartolo, San Pedro, Santo Tomás y en Totimehuacán, también cerca de Puebla. Estos dos barros se mezclan por partes iguales, se limpian de impurezas como arena, piedras entre otras cosas.

Se les deja reposar de 15 a 20 días a la intemperie y luego se colocan en un depósito donde permanecen por lo menos dos meses, hasta adquirir la plasticidad necesaria para su manipulación. Transcurrido ese tiempo, se saca la mezcla y se continúa con el pisado donde el barro se libera del exceso de agua. Terminado el “pisado” el barro se prepara para el moldeado o torneado. Luego de que se moldea ya sea a mano o en torno.

Cuando se tiene la pieza terminada, se coloca en cuartos con poca ventilación por al menos dos meses y de ahí entran al horno para su primera horneada a la cual llaman “jahuetada”.

Salidas del horno se escogen las piezas y se procede al esmaltado, donde se sumergen en un líquido hecho a base de plomo, estaño y arenilla. Ya seco el esmalte, se procede a decorar las piezas con pinturas que están hechas a base de óxidos diluidos en agua.

Finalmente se someten a la segunda quema, la cual dura aproximadamente 12 horas. La horneada final ha sido siempre el momento más delicado de la fabricación de la Talavera pues depende del horno la terminación de la pieza.

Todos los materiales que se usan en el taller son preparados en el sitio de acuerdo a las fórmulas antiguas; todos son óxidos y se aplican sobre la base de esmalte de color lechoso.

Los pinceles son especiales: se hacen también en el taller con las cerdas de diferentes animales de acuerdo al color que vaya a utilizarse.

Cada pintor hace sus pinceles de acuerdo a sus requerimientos. Ningún color corresponde al resultado después del horneado, pues el calor hace que algunos de los colores se vuelvan más intensos y otros viren al color deseado.

 

Izúcar de Matamoros, Puebla.

El pueblo Mixteco siempre ha sido reconocido por su gran calidad en las piezas de barro.

Con la llegada de los españoles la alfarería se enriquece más tomando influencia Hispano-Morisca. El barro policromado se lo conoce a toda pieza que es decorada con una gran variedad de colores.

El barro utilizado en Izúcar de Matamoros es rojo y las piezas se distinguen por sus diseños; perros, árboles de la vida, cráneos y mariposas.

Un rasgo muy característico de esta cerámica es la aplicación de la pintura, generalmente intervienen varias personas. La primera persona pinta con el color base. La segunda persona hace el “rayado” para indicar cuál será el patrón y colores a seguir. Por último, está la persona que realiza los detalles finos.

En la antigüedad se regalaba a los recién casados el árbol de la vida como símbolo de fertilidad. Hoy en día se ha ido perdiendo esa tradición.